La mala de la película

Sunday, June 18, 2006



Son las 7:55 de la mañana. Tan solo faltan 5 minutos para que el despertador me agobie como cada día. Me giro dando media vuelta más de lo que habitualmente podía y entonces me acuerdo de que ya no estás. Que anoche te fuiste. Me encuentro con el primer agujero, con el hueco.
El despertador suena.

Me quejo. Abro los ojos y estiro el brazo intentado tocarte como cada mañana. Finisterre comienza en tu lado del colchón. Soy capaz de levantarme. Tengo ganas de llorar. Como cada día lo primero que hago es coger una taza y llenarla de café recién hecho; no hay, éso es porque ya no estás. Pongo las medidas de café y agua que usabas cada mañana mientras yo, desde la cama, te pedía guerra de la buena.

Abro el armario. Está vacío, oscuro, tiene eco, huele a ti, me dan ganas de llorar, doy un portazo con toda mi fuerza, no es suficiente, pego un puñetazo, siento dolor, lloro, me siento en la cama, me echo las manos a la cabeza, lloro, te odio por haberte ido y te amo tanto para desear que vuelvas. Me regalas un segundo hueco.

Salgo de casa. Voy al garaje. Mi coche desde hace meses no tiene notas en el parabrisas diciendo que me quieren, que están deseando volver a casa del trabajo para verme o con un simple “Pienso en ti”. A la izquierda falta tu coche. Hay otro hueco que me recuerda que no estás, que te has ido.

No paro de encontrarme huecos de ti: el de tu albornoz, tu cepillo de dientes, en el sofá, el perchero, las maletas, el coche, los cds,… El desamor tiene forma de hueco en el frasco donde guardamos los cepillos de dientes.

Hoy me has llamado. Preguntaste a qué hora te podías pasar a recoger el resto de tus cosas que, traducido a palabras para entenderlas es que vas a venir a dejarme más huecos que me recuerden de un solo vistazo que ya no estás, que ya no me quieres y que ya no vas a volver. Por supuesto tu llamada era para que yo no estuviera. Te dije que a las ocho, que estaría en el gimnasio.
Es mentira, no voy al gimnasio. Estoy en el bar de enfrente, aquel a donde siempre bajaba a comprarte el tabaco, el que no te gustaba porque decías que olía a “bar”. Te he visto entrar. Llevabas un gran hueco en una bolsa bandolera. Seguro que ya tienes premeditado dónde dejarlo en pequeños trozos. No sé si salir corriendo detrás de ti y suplicarte que vuelvas, de rodillas y agarrado a tus piernas. Me pierde mi ridículo. Me pido otro whiskey. Veo la luz del salón encendida. Seguro que está dejando huecos en las velas del salón. En las 35 que te encendí en todo el salón el día de nuestro aniversario. Mañana te llamaré para decirte que las velas son mías para que vengas y las devuelvas. A lo mejor basta para que te quedes. Seguro que dejas huecos en las fotos, en las figuritas que compramos en Marruecos, en la cajita de madera donde guardábamos los condones, en el cuadro del salón, en tus perfumes, en tus cremas, en las sonrisas, las miradas, las risas, la piel de gallina que tenías la primera noche, tus lágrimas en mi hombro los domingos viendo una peli en el sofá, los regalos, los besos, los abrazos, las manos entrelazadas, los silencios, en las veces que pensaba en ti…
Te he visto salir. Llevabas el abrigo que te regalé. No he sabido interpretar tu cara. No sé si era de alivio, de tristeza, de alegría, de incertidumbre. Tenías cara de nada.
Me bebo el whiskey de un trago, quiero llorar, pido la cuenta, pienso en salir y provocar un encontronazo fugaz en la puerta del garaje, recapacito, salgo del bar, tomo dirección contraria a la tuya, camino al portal. Voy a buscar los huecos. Llamo al ascensor, tarda, subo por las escaleras, abro la puerta, cuelgo el abrigo. Huele a café recién hecho. Las velas están donde siempre. Hay una maleta en el hall. Tu albornoz está en su sitio, el cepillo de dientes ha vuelto al frasco, hay una nota en el espejo que te dice que te perdone, que me echas de menos. Salgo corriendo, bajo las escaleras de tres en tres, abro la puerta del portal, voy al garaje y allí estás, dentro de tu coche, esperando una respuesta.

Hay un silencio, pienso, recapacito, me concentro y en mi mente encuentro una respuesta: Mañana me apunto al gimnasio.

A Bocajarro

Mírame a los ojos. Clávame tus uñas. Aspira el aire que me sobra de tus pupilas. Dime que sí. No me sueltes. Acaricia mi cara. Alumbra mis pesadillas. Cuéntame un cuento y déjame dormir en tus pestañas. Manipula mis deseos, mis miedos, mi pasado. Ven a buscarme. Hazme cosquillas. Escribe en mi espalda tu carta de deseos a los reyes que yo les pediré tu vida en la mía. Caliéntame el invierno. Mójame de ti al despertar, siempre que abra los ojos. Tómate un café conmigo, con doble de azúcar. Hazme reir con tus sonrisas. Déjame dormir en tus labios. Déjame despertarme entre tus piernas. Déjame morir besando. Cambia la luna por el sol de primavera, luminoso y templado al baño maría. Mantente cerca de mis pasos. Agárrame si no caigo. Álzame que no llego a tu belleza. Ciégame con tu rimel. Vuélveme loco, sordo, cojo de ti. Abrázame si no sonrío. Dame un pulmón. Cuélgalo en mis ojos. Gira el mundo a un lado cuando estés cerca. Arranca los pistilos de mis deseos. Escribe para mí. Amanece en mis relatos. Marca tu territorio. Conviérteme en gato, independiente y casero. Lava mi alma con sudor de tus axilas. Camina en mis piernas de puntillas, en silencio… que nadie te oiga. Abre la cerradura de mi vida. Escóndete de mi alma. Sácame del limbo. Llámame a gritos. Piensa en mí. Peina mis dedos en tu pecho. Crucifícame en tus brazos. Sujeta mi boca con tu cuello. Átame a ti. Rompe mi corazón a brazadas. Nada hasta él. Hunde tu pelo en mi aroma. Mastícame. Suplícame otro día más. Alimenta mis noches. Mantén la calma. Ponme a secar. Alójame en tu vida. Castiga mi pasado.

Grita mi nombre si quieres pero no repitas que es culpa tuya, que no me ves como antes. Golpea el pasado pero no digas que es mejor dejarlo así y tener buenos recuerdos. Muérete a bocajarro. No me dejes por él. Escupe sus besos. Vuelve a nacer.




Nervios...Si pestañeas se me rompen las esquinas de mis deseos... si me miras se me corta el aliento en las vocales de mis grititos... si te vuelves a mirar cuando paso por tu lado me muero un rato o todo un verano en la sombra trasversal de tus silencios... de esos silencios que me matan de una caída en picado desde tus celos escondidos... Valentía... la de intentar no pestañear para no perderme ni uno solo de tus movimientos... la de encenderme otro cigarro para no comerte la boca... la de poner mi espalda como muro infranqueable a mis delatadoras miradas... La de mi suspiro horizontal y siempre proporcional a lo ancho de tu sonrisa...

Tiempo... que retumba en los huecos de lo sola que me siento. Que en el túnel que me encuentro predomina el negro, lo opaco... que no siento, que no grito porque no me oigo... que doy vueltas y me mareo... que vomito. Que me siento sola sentada en el borde y colgando las piernas como cuando era niña... que nadie me mira y mi belleza no es la misma que hace unos días.

Orgullo... retorcido y altivo... cartílago sobrenatural invisible setenta centímetros por encima de mi cabeza, redoble de tambores… ignorancia si el mundo gira y cae de costado en tu almohada… mirada caída… ahora bajo que me has llamado y nadie me grita. Que te quise y ya no... Cómo te cuesta reconocerlo.